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El amor me dijo que yo diría muchas cosas cuando él estuviera presente

No mentiré al decir que soy una fanática del amor. Me encanta hablar de él, vivirlo, sentirlo, extrañarlo y a veces hasta odiarlo. Supongo que ese mismo fanatismo me llevó a tener tantas malas experiencias: idealicé mucho la idea del amor al grado de encontrarla en quien sea que me mirara bonito y pudiera formular palabras que, aunque no me convencieran del todo, causaran lo más mínimo en mis adentros. No lo niego, mi subconsciente me traicionó, y jugué en mi propia contra en repetidas ocasiones para después culpar a los demás. A veces me veía tan absorbida por el amor que veía señales donde no había y abrazaba con fuerza una realidad que no existía. No fue hasta que toqué fondo y en una pequeña sala aromatizada, una música relajante y una persona preparada estuvo frente a mi, ayudándome a conocerme, entenderme, y salvarme del amor: ese que yo inventé en mi cabeza a causa de mis carencias, deseos, e inconformidades. Fue hasta que en esa sala, me conocí a mi mis...

La busqué por todos lados y resulta que estaba conmigo

Imagínate estar bien tranquilo usando tu computadora y que de pronto durante media hora hay un chillido desgastante de una chiquilla gritándote desde tu cuarto que por favor le prestes tu aparatito electrónico para jugar un ratito videojuegos, “al cabo tú no lo estás usando”. Esa chiquilla era yo. El día que la tecnología llegó a la vida de mi hermano, perdí a mi compañero de aventuras en casa, y si él ya no se unía a mis actividades, encontraría formas de entretenerme sola. No creo que haya sido algo del todo negativo; yo también disfruté, después de pelear por mi derecho a usarlo, del GameBoy negro que El niño Dios le dejó en navidad a mi hermano. Pero esa pequeña pantalla reemplazó nuestros juegos de cartas de YuGi-Oh! y otras actividades que, lamentablemente, se han perdido en mi memoria. Intento recordar esa época en la que pasamos tiempo jugando juntos, y nos visualizo en una cancha de fútbol, en alguna alberca, con los vecinos, viendo tele juntos, o él leyénd...

La vida que siempre deseé

Yo había deseado tener una vida como la que llevo en la cuarentena, antes de que sucediera. Dada mi mente acelerada, le he tomado un cariño enorme a establecer un rutinas que me ayuden a mantener los pies en la tierra: despertar, ejercicio, comer, leer, escribir y crear. Lo único que interrumpía mi sueño organizacional era la escuela. Recuerdo quejarme hace 3 meses sobre todas las horas que pasaba en un salón de clases o haciendo tarea en vez de poderme dedicar a lo que realmente me gusta. Soñaba con lo que precisamente, duré haciendo las últimas 6 semanas seguidas: contenido. No niego que desde pequeña tenía aires de querer ser famosa, pero desde hace un buen tiempo he encontrado una satisfacción fascinante en escribir, y hacer videos, en el amor al arte y el proceso de crearla, ya no tanto en ser la siguiente Shakira. Sin embargo, algo que he aprendido es que no es fácil, sobretodo, porque a veces no quiero. Ah, y porque es más difícil estando en plena pandemia. Por cierto, ¿han vist...

El arte de silenciar personas

Conocí a cierta persona hace un tiempo ya. Simpática, alegre, un poco sabelotodo pero agradable. A pesar de que me cae bien y podemos entablar una buena plática, hoy en día ya no le soporto. Bueno, no tanto así, pero déjame explicarte: no es que sienta una aberración hacia su persona, pero sí me molesta lo que comparte, además, no es la única. Una de mis actividades no favoritas pero sí cotidianas en estos días de aislamiento social ha sido silenciar y dejar de seguir personas en redes sociales. La cuenta de esta persona está entre ellas. Lo interesante es, que todos los usuarios acompañantes en la lista, los considero mis amigos.  Más allá de sentir culpa, rabia o remordimiento, comencé a preguntarme el porqué de mis acciones: igual es algo solo del momento, todos estamos ansiosos o tensos. Pero reflexioné sobre ello y terminé dándome cuenta de muchas cosas en general. Si a mi algo no me gusta son las mentiras y la hipocresía de las personas, que esto último n...

Las piñas tardan mucho en crecer

Hay unas piñas en el jardín de mi casa. Mi mamá las plantó hace como dos meses, o tal vez 3, ya no lo sé. Pero recuerdo que le ayudé a arrancar las hojas puntiagudas que después puso en dos macetas con mucha tierra. “Las piñas tardan mucho en crecer… tu tía plantó una hace más de un año, y apenas maduró. Es pequeña, pero me dijo que salió muy rica”. Yo nunca he sido mucho de jardinería, y tampoco soy la más paciente, pero toda esa escena me causó cierta ternura. Sobretodo, cuando mi mamá con una sonrisa en el rostro agregó “estas piñitas entonces, estarán listas hasta que tú regreses de Canadá”. En Febrero del año pasado tuve la oportunidad de aplicar para un intercambio de un año en Alemania, pero decliné porque me estaba preparando para el proceso de preselección del equipo nacional de tocho . Mis papás no lo vieron muy conveniente, sintieron que estaba poniendo mis sueños de juventud por encima de mi futuro. Pero no se opusieron, lo aceptaron, y al final, me ...

Mi primer amor fue todo menos eso

Las noticias me tienen abrumada y el miedo acorralada. Así que hoy les voy a hablar de mi primer amor. Yo pensé que esa mítica figura del chico guapo, popular, alto, caballeroso y de gran físico que enamoraba a las chicas con solo pasar solo existía en las series de televisión y en películas para adolescentes. Pero cuando entré al bachillerato, se me apareció en frente, y yo cual Juan Diego, lo veía cual Virgen María. Bueno, primero lo vi de lejos, y sí se veía medio de película. La mayoría de mis amigas concordaban con que era muy guapo. Yo dije que creía lo mismo, aunque nomás lo haya visto pasar por el otro extremo del campus. Luego lo vi de cerca, y mi opinión cambió. Se volvió más un “alto, bronceado y guapo”, pero de aquél capítulo de Bob Esponja. No lo digo de una manera menospreciante, todos seguimos amorfos cuando recién entramos al bachillerato, seguimos en pleno desarrollo, en plena adolescencia, y si él era medio feo, ya se imaginarán cómo estaba yo: con len...